Algo de historia

Masapunk partió como una idea de algunos compañeros que manteníamos un puesto de difusión libertaria en una feria popular de Santiago, el Persa del Bío Bío.

Allí teníamos un puesto donde se vendían a muy bajo precio revistas, zines, libros, folletos y afiches que habíamos acumulado diferentes colectivos anarquistas. El objetivo de ese proyecto era la difusión de ideas y, por tanto, sólo esperábamos cubrir los costos que implicaba el arriendo del lugar, a la vez que íbamos articulando la relación con la gente que se acercaba para enterarse sobre nuestro movimiento.

Al poco andar nos dimos cuenta que las publicaciones no dejaban un margen suficiente de ganancia como para sustentar los gastos de arriendo del local (más bien del espacio que ocupábamos con unos baúles viejos y algunas tablas que simulaban un aparador) por lo que comenzamos a vender cassettes regrabados de rock radical para subir los ingresos del local. Había mucha gente interesada en la música políticamente comprometida.

Por esa época, algunos amigos y compañeros estaban embarcados en proyectos musicales que no tenían mucha difusión y, considerando nuestras aficiones, había que hacer algo.

A partir de todo esto nació la idea de establecer un sello en Santiago que difundiera proyectos que nos representaban en lo político y que formaran parte de una iniciativa autogestionada y libertaria.

Así nació Masapunk Records a mediados de 1995. Era el tiempo en que Canutos Presos se disolvía y daba paso a Disturbio Menor, banda que tradujo las intensiones de editar nuestra propia música.

El puesto del Bío Bío terminó por problemas económicos y los colectivos que trabajaban en él tomaron distintos rumbos, pero a tientas se inició Masapunk, con nuestra nula experiencia en la edición musical y las ganas de dar una nueva arista al trabajo que algunos de nosotros desarrollábamos en revistas como El Duende Negro, zines como Corazón de Chanco y actividades en diversos colectivos libertarios.

De esta forma, se fue construyendo nuestra primera producción: una cinta compartida de Disturbio Menor y Silencio Absoluto que titulamos Hardcore para las Masas y que grabamos en una tarde de trabajo en un estudio casero de altísimo costo (uno de nuestros primeros errores) con dineros conseguidos a partir de prestamos varios.

A nuestra falta de experiencia en grabación (el sonido de esa primera cinta no nos dejó muy contentos), se sumaron las dificultades para reproducir los casetes y distribuirlos posteriormente.

Por ejemplo, al pedir una recomendación para copiar las cintas, un amigote nos habló de una tienda que quedaba en calle 18. Resultó ser Ediciones San Pablo, donde nos dieron con la puerta en las narices diciéndonos que ellos no reproducían “música satánica”.

Es que por aquella época esto de editar música era una tarea titánica y sólo apta para gente testaruda. Así fuimos haciendo las cosas, muy lentamente, luchando con nuestra falta de pericia financiera (característica que nos acompaña hasta hoy día), pero con muchas ganas de hacer ruido de libertad.

A pesar de todo, logramos sacar esa primera cinta y decidimos ponerla a la venta, con precio en la portada para que nadie se aprovechara, en algunas tiendas que distribuían música punk. Era el tiempo en que Miserables y Fiscales Ad Hoc estaban fichados por sellos multinacionales o nacionales con ganas de serlo; era el tiempo en que lo que más conocido era La Polla Records o Kortatu, regrabados una y otra vez; era el tiempo en que el punk santuiaguino no estaba preocupado de la autogestión y los temas sociales eran más bien herencia de los últimos coletazos de la izquierda antidictadura.

Nosotros queríamos acabar con todo eso, dar acceso a bandas inteligentes y honestas al tiempo que desarrollábamos un proyecto autogestionado y no lucrativo para demostrar que sí se podía dejar de depender de los sellos multinacionales; que sí podíamos construir una escena independiente; que si podíamos soñar con un mundo distinto y comenzar a construirlo en los espacios que nos interesaban.

Finalmente, y no sin dificultades y desencuentros, creemos haber ido cumpliendo con esos objetivos. A estas alturas, si es que has tenido la paciencia de recorrer estas líneas, estarás pensando ¿Por qué esta larga historia para hablar de un sello? Simple, porque creemos que nuestra experiencia en algo puede aportar.

Los procesos autogestionados no son cuestiones que tú no puedas hacer. No se trata de obras de iluminados o gentes con atributos mentales distintos a los que tú y tus amigos tienen.

Nos gusta pensar que si nos dedicáramos a la repostería, podrías leer esta misma perorata en la caja de una torta o que, si nos gustara hacer ropa, podrías leer algo parecido en el empaque de alguna polera.

Es que no sólo la música es susceptible de ser autogestionada. La vida entera y sus necesidades requieren de nuevos modos de organización para vencer la injusticia que alienta el capitalismo que condena a miles de personas a la pobreza e ignorancia mientras unos pocos disfrutan de la riqueza creada por todos.

Si hemos sido capaces de alentar el proceso autogestionado desde nuestro humilde trabajo, nuestros sueños están en parte cumplidos. No dudamos que la suma de tus sueños y los nuestros nos llevarán a ese mundo de amor, solidaridad, apoyo mutuo y libertad que sabemos anhelas igual que nosotros.

Este año, el texto que lees cumple cinco años y el Masapunk va para los 11. Ha pasado mucho agua bajo el puente, pero mantenemos lo que pensábamos cuando iniciamos el proyecto y, una vez más, nos rearmamos para seguir adelante difundiendo y pensando, como esperamos hacer a futuro desde esta iniciativa o cualquier otra. Los años no nos robaron ni el amor ni la rabia. Porque no hay noche sin día, no hay libertad sin anarquía.