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	<title>Masapunk &#187; Iraq</title>
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	<description>El día a día de un sello libertario pobre pero honrado</description>
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		<title>En las guerras pasa lo que pasa</title>
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		<pubDate>Wed, 14 Jan 2009 03:56:24 +0000</pubDate>
		<dc:creator>admin</dc:creator>
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			<content:encoded><![CDATA[<p><img class="alignleft size-full wp-image-120" title="abu-ghraib-leash" src="http://masapunk.org/wp-content/uploads/2009/01/abu-ghraib-leash.jpg" alt="abu-ghraib-leash" width="356" height="300" />A inicios de este año dieron la vuelta al mundo las declaraciones de la soldado estadounidense Lynndie England, cuyas imágenes torturando a presos iraquíes en la cárcel de Abu Ghraib hicieron noticia en 2004. En una entrevista que concedió al diario inglés The Guardian, la mujer justificaba lo ocurrido como una consecuencia de estar en medio de una guerra. “En las guerras pasa lo que pasa. Lo que ocurrió fue que se fotografió y salió a la luz. Mucha gente dice que si nos hubiéramos callado o los hubiéramos matado, no hubiera habido ningún problema”, dijo la soldado de 26 años que ya cumplió la mitad de su condena a tres años de cárcel por las torturas que protagonizó en Iraq.</p>
<p>Esta mujer, que según relata al periódico era reticente a retratarse y sólo lo hizo por la insistencia de su novio, el oficial Charles Garner, plantea que las torturas estaban relacionadas con el ambiente general de la guerra: “no sé cómo describirlo. Eran los enemigos. No quiero decir que merecieran el trato que les dimos, pero&#8230;”.<span id="more-119"></span></p>
<p>Además, se justifica diciendo que, por aquel entonces, era “muy inocente y confiada” y que está orgullosa de no haber delatado a sus compañeros. “En la guerra, no delatas a tus compañeros. Nos condenaron a 7, pero créame, hubo muchos más en las fotos”. Las declaraciones de England expresan -haciendo gala de la sensibilidad propia de un zapato-, lo que parece la mayor de las obviedades: más allá de los escándalos internacionales que de cuando en cuando se desatan por el trato criminal que reciben los presos de Guantánamo, los iraquíes rebeldes en Bagdad o la población civil en Gaza, las guerras desatan el completo desprecio por el ser humano que ha perdido esa condición para convertirse en enemigo.</p>
<p>Pocas veces esta realidad es tan evidente como en los horrores vividos en la cárcel Abu Ghraib, que salieron a la luz pública por los reportajes de la prensa de Estados Unidos. La polémica escaló alto y, finalmente en 2006, Donald Rumsfeld, secretario de defensa de ese país fue destituido de su cargo.</p>
<p>Una salida política para poner paños fríos al desenmascarado horror de la guerra, un conflicto armado que incluso sobrepasó el maquillaje del derecho internacional. En una bestial afirmación de la política imperial, Estados unidos y sus aliados iniciaron la invasión de Iraq justificándola como un acto de autodefensa anticipada.</p>
<p>Con ese precedente, los crímenes en la ocupación de Faluya, donde se ha denunció el uso de armas de destrucción masiva como el fósforo blanco; las atrocidades cometidas con los prisioneros de Abu Ghraib o el aumento interminable de la desnutrición aguda de los niños iraquíes desde la invasión, parecen consecuencias lógicas de una ocupación bajo la premisa del cueste lo que cueste.<br />
De muestra un botón. Un estudio publicado por el diario médico británico The Lancet, concluyó en octubre de 2004 que por lo menos 100.000 civiles fueron asesinados desde la invasión de Iraq en marzo de 2003.</p>
<p>Pero este verdadero genocidio no dista mucho de lo que hoy el mundo observa impotente en la franja de Gaza. Escribo estas líneas tras repasar notas de prensa que hablan de cientos de bajas de niños y mujeres y hombres, civiles por cierto, bajo el pretexto de evitar ataques de Hamas con misiles contra Israel.</p>
<p>El genocidio defensivo parece tornarse cada vez más común y los y las Lynndie Englands de diversos estados no necesitan fotografiarse sobre pirámides seres humanos vejados para producir igual grado de espanto.</p>
<p>Entre estos días, el millón y medio de habitantes de Gaza enfrenta una situación humanitaria “alarmante” (dicen siúticamente los medios) bajo los constantes bombardeos de Israel, con su principal planta de energía apagada, hospitales llenos de heridos y suministros de alimentos muy limitados, aseguran los funcionarios de la ONU, pero los ataques siguen en medio de una tibia respuesta internacional. Es que las razones del capital y el Estado mantienen encendida su máquina de muerte.</p>
<p>Ayer fue Afganistán e Iraq, antes las dictaduras en Latinoamérica, luego Gaza&#8230; Los ejemplos se multiplican y seguimos observando pasivamente la desenfrenada puesta en escena que hombres y mujeres como Lynndie England que parecen rendir el espíritu humano sin resistir ni cuestionar el orden establecido.</p>
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